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Revista YA: Salomé Martínez en “Las nuevas promesas chilenas”

En un reportaje realizado por la Revista YA, del Diario El Mercurio, Salomé Martínez, Investigadora del Centro de Modelamiento Matemático (CMM) y Académica del Departamento de Ingeniería Matemática (CMM), habló de su elección por las matemáticas y su dedicación a la investigación científica.

 

Mujeres en las ciencias:

Las nuevas promesas chilenas

Son jóvenes y les fascina la investigación. Desde sus laboratorios buscan contribuir al avance científico del país. Para hacerlo, se especializaron en el extranjero y hoy tratan de aplicar sus nuevos conocimientos a la realidad chilena. Además, intentan hacer su aporte como mujeres. Algunas buscan saber más de las causas de enfermedades que afectan particularmente al género femenino. Otras quieren abrirse un espacio en investigaciones cruciales para el desarrollo económico. Pero todas tienen algo en común: quieren entender mejor el funcionamiento del mundo en que vivimos. “La investigación es darse por completo a su curiosidad para el avance de todos nosotros. Encuentro maravilloso que haya todavía cosas que no sabemos de nuestra propia casa”, dice una de ellas.

Salomé Martínez, matemática: “Hay una pérdida de talento femenino”

Es una de las pocas mujeres en Chile en haber escogido la carrera de matemáticas. Alumna brillante de Ingeniería en la Universidad de Chile, al terminar sus estudios, Salomé (34 años, casada, dos hijos) se ganó el premio Marco Orrego Puelma, que destaca el mejor egresado de la Escuela de Ingeniería. Esto parece demostrar que las mujeres también pueden incursionar en ese mundo tradicionalmente masculino. “Me parece preocupante que hayan tan pocas mujeres en Matemáticas. Veo a alumnas que no eligen esa carrera, que es muy competitiva y dura, siendo muy capaces y talentosas. Tal vez haya una cosa social, de pensar que no es una profesión para las mujeres cuando no tiene por qué no serlo. Siento que hay una pérdida de talento”.

Han pasado varios años desde que Salomé egresó. Sin embargo, hoy está de vuelta en su escuela donde conjuga docencia e investigación. Antes hizo un doctorado en la Universidad de Minnesota en Estados Unidos donde estudió los modelos matemáticos en ecología. Es algo a lo que sigue dedicándose. “Con esto uno busca traducir la realidad a través de las matemáticas, y una manera de hacerlo es a través de las ecuaciones diferenciales, que pueden incluir variables como el tiempo y el espacio”, explica.

En la práctica, la científica puede reflejar, por ejemplo, el comportamiento de las poblaciones en ecuaciones. “Trato de entender la distribución temporal y espacial de poblaciones que viven en un hábitat común, consumen recursos específicos e interactúan entre ellas. Transformo sus dinámicas en modelos a través de las ecuaciones diferenciales. Eso permite ganar comprensión de la naturaleza de los fenómenos que ocurren y así se puede proponer mejores soluciones de problemas reales”, acota.

En el caso de las poblaciones, los modelos establecidos permiten determinar qué factores pueden explicar la supervivencia de una especie: moverse más, difundirse menos o desarrollar una estrategia de competencia precisa. “Las matemáticas pueden decir qué es lo más ventajoso”, dice Salomé. Ella también ha trabajado en proyectos forestales. “El pino tiene una hormona, la auxina, que es responsable de su crecimiento. Ésta se produce en el ápice. Si éste, por algún daño, no se encuentra en posición vertical, el arbol sufre deformaciones de las que puede recuperarse. Nuestro interés era saber cómo y por qué se recupera y cuál es el rol de la auxina en ese proceso”, explica.

Salomé reconoce que a priori su trabajo puede parecer hermético. Pero asegura que es fundamental para el progreso del país. “Hay cosas que tienen una utilidad inmediata y otras que simplemente permiten entender la realidad. Eso es sumamente importante también, porque entender un fenómeno a través de las matemáticas es el primer paso antes de proponer soluciones. Además, si uno quiere desarrollar las tecnologías y hacer aportes en el área productiva, es crucial que Chile haga ciencia de alto nivel”.

Sonia Duffau, astrónoma: “Hago una arqueología de nuestra galaxia”

Se demoró en descubrir la Astronomía. Pero ahora es una materia que le fascina. Empezó sus estudios superiores dedicándose a la física en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Llegó hasta empezar un doctorado en esa materia. Pero algo no la convencía. “Me iba bien, pero no enganchaba con mi proyecto”, recuerda. Decidió cambiarse de área. La opción de Astronomía la tomó después de visitar el observatorio de su universidad en el cerro Calán. Allí le ofrecieron participar en el programa conjunto que existe entre ese centro y la Universidad de Yale. “Era una idea súper atractiva, porque me permitía pasar los dos primeros años del doctorado en ese lugar tan prestigioso y de gran tradición. Además, pensé que mi formación sólida en física me ayudaría y así fue”.

Sonia – 33 años, casada- fue la primera mujer en participar en ese programa y podría ser una de las primeras en doctorarse en Astronomía en Chile y no fuera del país. Sin embargo, siente que dentro de las ciencias su carrera es una de las más flexibles para las mujeres. “Aquí tienes la posibilidad de identificarte con astrónomas que están más arriba que tú y dices: mi vida profesional puede ser parecida. En física, en cambio, veía sólo a hombres y me preguntaba cómo iba a ser mi vida con ese trabajo y la carga femenina de los hijos. No sabía si era posible”, dice.

Partió a Estados Unidos a mediados de 2002. El primer año se dedicó a estudiar la física solar. Y en el segundo, descubrió las poblaciones estelares. Más específicamente, estudió las llamadas estrellas variables RR Lyrae y cómo medir los elemento químicos en ellas. “Son estrellas muy interesantes porque han estado presentes durante mucho tiempo. Además, el hecho de quevaríen, es decir, que pulsen y cambien de luminosidad, las hace más fácil de observar. Te dan más información; por ejemplo, te permiten determinar distancias, lo que siempre es complicado en Astronomía”, explica.

De vuelta a Chile, Sonia siguió con esa línea. Prepara ahora una tesis que se funda en el estudio de la formación de la Vía Láctea. “Es una arqueología de nuestra galaxia. Buscamos ver qué procesos fueron importantes en su fundación. Y una de las cosas que se cree que pasó es que durante su formación se dedicó a tragarse otras galaxias más chicas. Estudio las reliquias de los posibles eventos de canibalismo de otras galaxias”, dice. Entender realmente lo que pasó con la Vía Láctea, asegura esta joven científica, permitirá entender lo que pasa con muchas otras galaxias en el universo. “Me gustaría ampliar esta área de investigación de las poblaciones estelares acá en Chile, porque no está tan desarrollada. Está muy de moda lo que tiene que ver con galaxias distantes y cosmología y nos hemos olvidado un poco de esta misma galaxia en que vivimos. A mí me sorprende y encuentro maravilloso que haya todavía cosas que no sabemos de nuestra propia casa”, dice.

Claudia Cárcamo, neuróloga: “Necesitamos más centros especializados”

Tiene como tarea armar el primer centro especializado en esclerosis múltiple del país, en la Escuela de Medicina de la Universidad Católica. Y para hacerlo, partirá en agosto por un año a hacer un postdoctorado a la Universidad de Würzburg en Alemania. “Allí hay un centro que concentra muchos pacientes en un mismo lugar y además hace investigación básica, las dos cosas que yo necesito hacer en la unidad que estamos montando aquí. En Chile, los médicos recién estamos partiendo con la investigación básica, sin dejar de lado la clínica. La idea es poder ver cómo lo hacen y aprender de ellos”, explica Claudia, 36 años, madre de trillizos.

Se empezó a interesar en la esclerosis múltiple durante su especialización en neurología en la Universidad de Chile. Allí hizo un doctorado en ciencias básicas y lo que más le gustó fue la inmunología. Eso la llevó a la esclerosis múltiple, una patología autoinmune que presenta episodios de inflamación del sistema nervioso central, que se puede traducir en una pérdida de fuerza muscular, sensitiva o visual. “La investigación que hago me permite juntar inmunología y neurología. Además, esta es una enfermedad que tiene un tratamiento que no es óptimo, que no se sabe bien cuál es su causa y que afecta a gente joven, principalmente mujeres entre los 20 y 40 años. Yo me identifico con ellas, entonces me importa buscar una solución”, explica. Y lo hace estudiando el comportamiento de la proteína osteopontina, que según los últimos análisis juega un rol importante en la esclerosis múltiple. “Se ha visto que los pacientes con la enfermedad tienen un aumento de esa proteína durante los episodios de crisis. Y también sabemos que es polimorfa; es decir, que actúa de distintas formas. Puede ser que en los pacientes con esta patología la osteopontina tenga una forma distinta a la de la población general, y que eso los haga más susceptibles de sufrir una inflamación del sistema nervioso central”, explica Claudia. Agrega que el estudiar esa proteína es una manera de investigar los factores genéticos involucrados en la enfermedad. “Los genes codifican las proteinas y cumplen distintas funciones en las células”, aclara. Y sigue: “A medida que se descubren cuáles son los mecanismos que generan la enfermedad, se puede tener un mejor tratamiento”. Asegura que en Chile no se ha investigado mucho la enfermedad porque era poco frecuente. Pero, en los últimos años se ha registrado un aumento en la cantidad de afectados. “Hoy, es necesario que existan centros que se especialicen más en manejar este tipo de pacientes”, concluye.

Katherina Brokordt, bióloga marina: “Investigar tiene un efecto directo en la economía”

Siempre vivió a orillas del mar. Quizás por eso se interesó en estudiarlo. “Siempre ha sido mi inquietud entender cómo funcionan los seres vivos. Me llama la atención que sean tan complejos, tan perfectos, tan armónicos, entonces me dieron ganas de ir un poco más allá y entender cómo está organizado todo. Y aunque suene ambicioso quisiera poder aportar, a través de mi investigación, conocimiento en ese sentido”, confiesa Katherina (36 años, casada, dos hijos). Actualmente, Katherina trabaja en varios proyectos en su laboratorio del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Aridas de la Universidad Católica del Norte en Coquimbo. Por un lado, hace un trabajo de investigación aplicado a la acuicultura. Más precisamente investiga cuáles son los efectos de las variaciones genéticas de moluscos, como el ostión y el abalón, sobre sus capacidades fisiológicas. “Tratamos de ver cómo algunas características genéticas de los moluscos pueden estar relacionadas con sus características fisiológicas y si se heredan de una generación a otra. Eso nos permite hacer mejoramiento genético de esos organismos”, explica. La científica considera ese tipo de investigación particularmente relevante para el país. “Tiene un efecto directo sobre la productividad y la economía, porque el mejoramiento genético permite tener aumentos de productividad de 10 a 30%”, señala. Katherine – quien es buzo profesional- también trabaja para contribuir a perfeccionar los programas de conservación y repoblación de las especies marinas. “Sabemos que la Tierra se está calentando y queremos ver si hay algunas características genéticas de los organismos que le den la posibilidad de soportar mejor ese calentamiento global. De esa manera, cuando quieras tomar iniciativas de conservación, podrás trabajar con los animales que están mejor adaptados a las nuevas condiciones”, dice.

Antes de dedicarse a estas investigaciones, Katherine pasó cinco años en la Université Laval en Canadá donde hizo un doctorado y postdoctorado. Allá, además de especializarse en fisiología, aprendió a trabajar de manera más multidisciplinaria. Y desde su regreso en 2001 ha intentado reproducir ese modelo. “Una de las cosas que he intentado impulsar en Chile es la asociación entre investigadores de diferentes especialidades. Acá cada uno está muy encerrado en lo suyo, hay poca comunicación y se desaprovecha el conocimiento de los demás. En el extranjero, la gente enfoca un problema desde distintos puntos de vista. Eso enriquece muchísimo la ciencia”.

Claudia Riedel, bioquímica: “Por un mejor diagnóstico prenatal”

Fue gracias a una tía que Claudia descubrió su vocación. Durante su niñez, la tía Angélica siempre le regalaba libros sobre biología. Hoy Claudia es bioquímica y su objetivo es mejorar el diagnóstico prenatal en las mujeres embarazadas. Durante sus estudios en la Universidad Católica, Claudia – 35 años, casada, dos hijos- se interesó en el sistema nervioso central. Luego, estando en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, donde partió a hacer un doctorado y postdoctorado en 1997, descubrió que lo que más la motivaba era el estudio de las hormonas tiroideas (T4) y su importancia durante la gestación. Junto al equipo de siete personas que dirige en la Facultad de Salud de la Universidad Andrés Bello, Claudia estudia hoy el efecto de estas hormonas sobre el sistema nervioso central, y su meta es integrar de manera obligatoria un nuevo examen médico en las mujeres embarazadas que mida sus niveles en la sangre. ¿La utilidad? Asegurar que no padezcan hipotiroxinemia, es decir, que no tengan niveles demasiado bajos de esa hormona. “La Sociedad Americana de la Tiroide hizo un llamado de alerta, porque en el mundo existe un alto porcentaje de mujeres que padecen hipotiroxinemia cuando están embarazadas. Para la madre no hay síntomas, pero para el feto es un problema, porque le provoca un daño neuronal que se puede traducir en un daño cognitivo como el déficit atencional, bajo coeficiente intelectual y, en los peores casos, un retraso mental”. Según estudios, 10 de cada 100 mujeres padecerían ese mal y las probabilidades de que sus hijos tengan daño neuronal es de 50%.

Claudia y su equipo se han concentrado en establecer evidencias del impacto de la hipotiroxinemia sobre el feto y en demostrar que en Chile existe una alta prevalencia de mujeres con bajos niveles de T4. Eso les permitió mandar un proyecto a nivel de gobierno, para que se implante este nuevo diagnóstico en las embarazadas. Claudia trabaja, además, en la búsqueda de una terapia que permita revertir el daño neuronal debido a la hipotiroxinemia. “Esperamos tener resultados claros de aquí a un par de años, para poder aportar con nuevas ideas sobre cómo resolver el problema”, dice. “Todas las dificultades de aprendizaje que tienen los niños hoy podrían deberse en parte a problemas que ocurren durante la gestación y que no son diagnosticados. Al hijo se le genera un daño que va a llevar de por vida y que afecta a toda la sociedad. Por eso me importa contribuir a solucionarlo”.

 

Reportaje publicado por Revista Ya: 11 de Julio, 2006

Periodista: Daniela Mohor W.

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