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Destacada participación de investigadores CMM en el Congreso del Futuro

“Cuando vayan al desierto, tengan cuidado con pisar estas plantas. En las plantas del desierto de Atacama están escondidos un montón de secretos que tienen que ver con los mecanismos que usa la naturaleza y, posiblemente, el hombre para mejorar su vida”, dijo Alejandro Maass, investigador del Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, mientras mostraba un video para ilustrar por qué se hace necesario seguir secuenciando genomas en Chile, sobretodo de medios extremos: para ver cómo los seres vivos configuran la estructura de su ADN con el objetivo de adaptarse a condiciones extremas, siguiendo estrategias que podrían servir al ser humano.

Especie humana, ¿camino hacia una evolución tecnológica?, Prolongación de la vida, Mejorar la vida’, a cargo del subdirector del CMM, fue una de las principales charlas del Congreso del Futuro, organizado por la Comisión de Futuro del Senado. La actividad -que se realizó del 19 al 24 de enero- también contó con la participación de Alejandro Jofré, director del CMM, quien moderó el foro ‘Inteligencia artificial, ¿Camino a una suprainteligencia?’.

I.A.

El miércoles 21, en el salón de honor del ex Congreso Nacional, Jofré compartió espacio con Miguel Nicolelis, de University of Duke; Rafael Yuste, líder de la iniciativa Brain (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies), y Federico Faggin, físico que desarrolló el primer microprocesador comercial. El foco del debate estuvo en los límites de la tecnología y por qué la inteligencia artificial no podrá dominar finalmente a su creador.

Prolongar Mejorar la vida

El sábado 23 fue el turno de Alejandro Maass, quien partió explicando cómo la Matemática se desarrolla por sí misma impactando el desarrollo tecnológico y cómo las otras ciencias y problemas vinculados al progreso también le han puesto desafíos.

“Posiblemente, la Matemática es uno de los inventos más hermosos del hombre. Y, como me dijo un colega, Servet Martínez, posiblemente uno de los que más ha durado”, afirmó en referencia al investigador del CMM, quien se encontraba entre la audiencia que repletaba el salón de honor.

Explicó cómo intuiciones matemáticas terminaron en aplicaciones tecnológicas. Google, por ejemplo, se beneficia directamente de la consolidación de las Probabilidades en el siglo XX gracias, entre otros, al trabajo de Andrei Kolmogorov, quien formalizó el azar para resolver problemas tecnológicos y cotidianos. También mostró cómo la Teoría de la Información permitió capturar la imaginación de genios como Mozart o Beethoven, para llevarla a dispositivos tecnológicos en que millones los escuchen hoy tal como decenas lo hacían en vivo en el siglo XVIII.

Sin embargo, la realidad también provoca a los científicos, afirmó Maass: “El matemático no es un ser estático puesto en una oficina, con un papel, un pizarrón y un basurero, sino que está interesado en que las teorías sofisticadas tengan impacto. Trabajamos en eso para mejorar la vida. Las teorías terminan siendo aplicadas en objetos concretos”.

Sucede con la genómica, contó el director del área Bio del CMM: “El genoma tiene comprimida mucha información estructurada de forma que nos hacemos preguntas. Principalmente, preguntas sobre cómo los objetos que están adentro interactúan entre ellos y con otros objetos que se introducen en la célula e, incluso, cómo se mandan señales de una célula a otra simplemente codificando y comprimiendo información”.

El avance tecnológico ha permitido secuenciar cada vez más genomas. Se ha hecho en Chile con los salmones, bacterias biolixiviantes de cobre y la uva sultanina entre otros productos.

“Se pueden predecir cosas. Los mecanismos para prolongar la vida tienen que ver con observar la naturaleza y analizar cómo se las han arreglado los seres vivos para sobrevivir”, dijo el investigador. Puso como ejemplo a las bacterias que biolixivian y que han adaptado sus genomas para vivir en ambientes con acumulación de metales, circunstancia que podría estar relacionada con enfermedades neuronales como el Alzheimer y otras. También mostró casos de un mismo animal que ha modificado sus genomas en distintos medioambientes.

“En un país de extremos, donde ocurren fenómenos naturales extremos, tenemos un campo natural para encontrar estrategias. El mismo animal tiene distintos genomas para sobrevivir en distintos ecosistemas. Todas esas estrategias nos sirven a nosotros”, explicó Maass.

En ese sentido, hizo un llamado a tener proyectos de secuenciamiento más ambiciosos. Como la expedición Tara Oceans, que recolectó muestras de plancton en 200 puntos del océano para secuenciarlos y obtener pistas sobre el cambio climático. O el Human Microbiome Project , que estudia las bacterias del estómago y su relación con la alimentación. Recordó nuevos avances que se pueden lograr investigando genomas de bacterias, plantas y animales y el proyecto Chilegenómico, donde se secuenciaron los primeros genomas de chilenos.

A partir de estos casos, invitó a desarrollar la iniciativa Mil Genomas Chile, para secuenciar genomas de chilenos que servirán para generar medicina personalizadas y mejores tratamientos.

“Nadie se va a hacer cargo de los genomas de los chilenos”, concluyó. “Hay genes únicos que determinan enfermedades en el hemisferio norte y que no necesariamente son los nuestros. En Chile, hay islas donde la población no se ha vuelto a mezclar desde los inicios. Todo eso hay que tomarlo en nuestras propias manos para mejorar nuestras vidas”.

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