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La publicación científica rearma sus estrategias frente a la revolución digital

Desde la aparición de las primeras revistas científicas en 1665, bajo la dirección de Denis de Sallo y Henry Oldenburg, el mundo de la comunicación científica ha experimentado una fuerte evolución: en 2012, se registraron 28 mil revistas activas y 1,8 millones de artículos publicados. Buena parte de estos cambios han sido consecuencia de la revolución digital.

“Como científicos no estamos seguros de insertar la información correcta en el lugar correcto”, explicó Claude Kirchner, director ejecutivo para la Ciencia y la Tecnología del Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática (Inria, por sus siglas en francés), en una charla el 21 de agosto de 2014 en el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile.

Entre las principales transformaciones vividas por la industria, el científico francés destacó la aparición de las revistas overlay o epi (revistas superpuestas, por su traducción literal al español), las cuales se construyen a partir de archivos públicos como HAL o arXiv. Funcionan de la siguiente forma: el autor sube su artículo al repositorio y, en paralelo, lo envía a una plataforma de evaluación donde árbitros y un comité editorial discuten, evalúan y corrigen el contenido. Con este proceso, se crea una nueva versión que se superpone al original. Así, cuando el autor incorpora los cambios, puede llegar a tener una tercera versión de su paper que es aceptada por el archivo público, y que puede verse enriquecida por las observaciones y la retroalimentación de los lectores.

 

 

overlay journals
Así funcionan las revistas overlay: el usuario sube el artículo (P) al archivo público y, en paralelo, lo envía a una plataforma, donde es evaluado por árbitros y un comité editorial que propone modificaciones y hace comentarios, creando un nuevo archivo (P’). Si el autor realiza estos cambios, el paper actualizado (P”) es admitido y el archivo público lo etiqueta como aceptado. Fuente del gráfico: Claude Kirchner

 

Así, las revistas overlay permiten que los investigadores publiquen con costos mínimos, sin estar sujetos a la burocracia de las editoriales tradicionales. Para Kirchner, este nuevo escenario implica retos como conseguir plataformas de calidad y hacer de la ciencia un proceso abierto, donde no solo la editorial tiene acceso a intervenir en los contenidos, sino también los usuarios a través de comentarios, la entrega de información complementaria e, incluso, la modificación de los textos.

“En medio de este panorama cambiante, la participación de los científicos es esencial. Además, los órganos académicos deberían responsabilizarse de las políticas de información científica”, explicó Kirchner.

Añadió que la ciencia, posiblemente, está encaminándose hacia una revisión de pares abierta: si la norma general hoy es que el autor no conozca a los revisores, el nuevo proceso los identificaría públicamente. Esta interacción permitiría que la información presentada a la revista pueda complementarse con notas de estos pares. Si a ello se suman las alternativas multimedia que crecientemente otorga el uso de distintos software, existe un sinfín de posibilidades que beneficia el proceso de calificación de los artículos.

Durante su presentación, el público preguntó acerca del financiamiento de las revistas de tipo overlay. Andrés Aravena, investigador del CMM, destacó que este esquema conlleva un cambio en el modelo de negocio: “Requiere una inversión de tiempo para los miembros del comité. En Francia, esto podría funcionar, pero me pregunto si es sustentable en países donde el Estado no contempla asistencia económica para estas opciones”.

Para Kirchner, temas como la propiedad de la nueva información recogida, la evaluación de la calidad de las plataformas y la validación del vínculo entre entre plataformas y archivos, conllevan importantes desafíos pendientes. “Sin embargo, no podemos desecharlos y echar la vista a un lado, puesto que serán claves en determinar el futuro de la ciencia”, concluyó.

 

Fuente de la imagen de portada: www.morgueFile.com

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